Alabada sea la gran dama de Francia

Por H.A.S.V.

Imagínate que por alguna razón lograste acabar dentro de una barca que cruza todo el río Sena: es de noche, y mientras el agua susurra, las cigarras cantan, danzan las luces y sientes la suave caricia de una ventisca de invierno, el pequeño bote te conduce a través del Pont Saint Michel, debajo de la Rue de la Cité,  a lado de diversas tiendas, restaurantes y cálidos hogares con lilíes, pensamientos y rosas decorando sus fachadas. De pronto, la falúa se detiene frente a un gran campo de verdes oscuros y faroles distribuidos por doquier. Caminas entre el follaje, con la única compañía de las luciérnagas, sintiendo la atracción de unas dulces campanadas que cantan no muy lejos de donde te encuentras. Y una luminosidad salvaje aparece a la distancia, gritándote ‘corre’ a través de tus venas; pero no te detienes, al contrario: tu curiosidad te lleva hasta un edificio grande, con ventanales de diversas formas y colores brillantes, con hermosos grabados y un par de pilares que sostienen aquellas campanas que ahora lanzan alaridos de dolor, mientras la raíz de aquél espacio se haya a merced de las llamas.

            Sin saber cómo, y sin siquiera interesarte el por qué, sabes que has aterrizado ante la más grandiosa figura arquitectónica de todos los tiempos: la gran señora del París de los amores perpetuos. Pero lo más inquietante de todo… es que no la versión del siglo XXI.

            Sino la versión del siglo XV.

 

Todos nos hemos enamorado alguna vez de una película de Disney: su magia, su comedia y su resplandor nos transformaba en los héroes o en las jóvenes princesas más encantadores de todos los tiempos. ¿Alguien alguna vez se sintió atraído por la historia del repudiado muchacho Quasimodo, campanario de Nuestra Señora de París? Un pobre huérfano de padres asesinados por el agresivo poder de un despiadado sacerdote que lo ha convertido en su lacayo y más resguardado sirviente; un pobre soñador que al tratar de descubrir la bondad del mundo terminó en burla y desastre; un pobre enamorado de una pasión imposible. Quien no haya sentido pena por este desdichado alguna vez al presenciar esta historia es porque no tiene corazón.

Sin embargo… quizás no esté tan desencaminado en su sentir. Porque en realidad, esta historia no es realmente una historia de desgracia: más bien, es una historia sublime. Disney, al intentar recrear diversos cuentos y novelas en sus maravillosas animaciones, les entregó un alma falsa y un corazón que no contienen, para dirigirlas hacia un público de pequeños con el afán de otorgarles compasión, empatía, amor y sueños en sus pequeñas cabezas. Muchos dirían que es el actuar de un buen grupo de samaritanos que se preocupan por los valores y la alegría de los que serán los gobernantes del mundo; otros opinarán que es un cruel acto de osadía el no respetar el trabajo y la esencia que estas historias contienen, que lo que buscan es retratar una realidad con fantásticos elementos de misticismo, para dar a conocer una verdad oculta. Yo sólo puedo decir que la frase ‘el león no es como lo pintan’ queda como anillo al dedo en esta situación.

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El escritor y poeta francés Victor Marie Hugo, preocupado por el agresivo actuar del gobierno y la sociedad de su país en el siglo XIX ante el arte gótico propagado a través de la ciudad de París, decide tomar partido y comenzar a escribir una historia que marcara una tendencia e importancia sobre los monumentos arquitectónicos parte de una época importante en la cultura francesa. Es así como nace Nuestra señora de París, la novela en la que está basada el metraje El Jorobado de Notre Dame del que hablamos al principio. Esta novela tenía como objetivo el proteger y asegurar el futuro de estas edificaciones al entregarle al mundo una historia de amores caídos en desgracia y emocionantes odiseas, protagonizados por personajes nacidos de la clandestinidad, que recorren las calles de París del siglo XV, volviéndose jueces y testigas de sus pasiones y desenfrenos.

La historia se enriquece con la exhausta y completa descripción de esa época, no sólo a nivel físico (que es el más importante para el autor), sino también a nivel psicológico. La combinación de ambos crea un ambiente poderoso y atrayente para aquellos que se han atrevido a adentrarse entre sus páginas. Dividido en varios tomos que han sido compilados por diversas editoriales, la historia del amor de Quasimodo el jorobado, Esmeralda la gitana, Frollo el archidácono y Febo el capitán de la guardia ha marcado los corazones de diversos lectores alrededor del mundo, siendo alabada por diversos artistas, pensadores y fieles conocedores de la literatura ‘clásica’.

La novela tiene como premisa el presentar las consecuencias de un amor mal encausado, o, dicho de otra forma, de un amor pasional: cada uno de los personajes es víctima principalmente de sus propias emociones y secundariamente de los efectos que éstas provocaron en la sociedad de aquél entonces. Es, como mencioné en un principio, la evocación de lo sublime a través de lo grotesco y de lo bello: lo que prevalece más allá de la estética que es el puro sentir humano.

La forma en la que Disney lo pinta hace que uno tenga compasión, pero lo que Víctor Hugo quería obtener era, más bien, lo contrario: una animadversión que nace a través de la verdad. El conocimiento de que la cosecha del amor es dulce pero también cruel. Que en el día a día se hacen sacrificios por aquello que uno más valora, y que son éstos los que nos pueden llevar hasta la tumba. Es la representación más fiel de aquella asquerosa y horrenda cara que todos los humanos llevamos dentro.

Y no es sólo una historia de amor por hablar de romances, no: es una historia de amor hacia la tierra donde pisamos, hacia la cultura en de la que provenimos, hacia el mundo en el que nos ha tocado existir y al cual le debemos respeto, fidelidad, cuidado y un cariño especial porque es parte de quienes somos y lo que podemos llegar a ser. El amor no sólo se representa a través de la pareja, y es justamente lo que el autor quiere que uno lea entre líneas: justamente es el amor a la pareja el que puede llegar a ser el más horrendo y desastroso de todos cuando se le da un cauce prohibido y amargo.

Victor Hugo abre diversas preguntas hacia todos aquellos que prestamos nuestra atención e imaginación para esta obra: ¿qué estamos haciendo con el futuro de nuestra sociedad, nuestra tierra, nuestra fe y nuestra integridad? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar por demostrar y defender aquello que amamos? ¿Estaremos entonces dispuestos también a pagar el precio de ello? ¿O de nuestra falta de control?

Al final el juicio no depende de nosotros los mortales, sino de un ser mayor que se haya presente en todo momento y en todo lugar, protegido por aquella gran patrona que jamás se ha olvidado de su querida París de todos los amores.

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Título: Nuestra Señora de París

Autor: Victor Hugo

Género: Novela Histórica

Editorial: Alianza

Precio aproximado: 239 M.N.

 

 

 

 

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